Caballos en el agua
caballitos de la corriente
que el viento levanta del verde sucio.
Y ellos, translúcidos, se acercan
a la orilla
para perderse otra vez
en el sonido leve de sus cascos.
de Ernesto Pentón Cuza
Caballos en el agua
caballitos de la corriente
que el viento levanta del verde sucio.
Y ellos, translúcidos, se acercan
a la orilla
para perderse otra vez
en el sonido leve de sus cascos.
Esta es mi alma:
la lluvia cayendo sobre la tierra,
la lluvia hundiéndose en el alma
de la tierra,
el silencio después de la lluvia,
el río que pasa
sin detenerse.
Todo es agua.
Los árboles de la orilla
son las manos del agua,
los patos que cruzan son
destellos de agua
(el cielo está en sus ojos,
el viento es
la respiración de esas aguas).
Los cantos de los pájaros
son el eco de su voz.
Mis palabras y mi silencio
están hechos de agua.
Bajar al agua
y a los juncos
con esa voz delgada
como de agua que corre
a su destino:
agua en el Agua.
Los patos
abren un camino…
Y los peces rojos
en el trampolín
bebiéndose las horas.
Aún le quedan
unas hojillas al álamo
y, con todo y eso, canta.
Canta ensimismado
frente al sol de otoño,
es todo él un canto tembloroso
cargado de emoción.
Y los pájaros recogen
su cantar
alegres como niños.
Y las aguas del arroyo
se lo llevan
rodando
colina abajo.
Tan cerca, que
casi se puede tocar con los ojos,
esa alegría fugaz
que brota de los árboles,
de la esperanza de los árboles cantores.
Todo el dolor del hombre
es apenas
una nota en ese canto.
Más allá de la niebla,
ella
tiritando
de una alegría indefinible, ella
desconocida, cercana,
tan llena de niebla como los
alcornocales,
susurrante entre eucaliptos,
ella asomada
a la vuelta de un nogal,
me mira, traspasa este silencio
con sus dos ojos
desconocidos,
cercanos,
cálidos…
Y luego se va.
Detrás de cada tronco
de árbol,
otro tronco de
árbol,
otro tronco…
Perdiéndose en la luz
que inunda el alma.
Se aproxima a la niebla
(la toca apenas con los cascos,
con el vapor de sus andares).
Las ramas de los cuernos
intentan desgranar
el follaje del ensueño.
Sabe que más allá le aguarda
lo desconocido:
¡una esperanza de bosque
que habría que soñar!
Adivina en el acto que
ya no será más él mismo
y entra en la niebla alucinante
erguido como un árbol.
versos que se abrazan
besos que se abrasan
versos que se abrasan
besos que se abrazan
en silencio
silencio en…
sin silencio
silencio sin…
la palabra canta
canta con la palabra
¿con quién canta la palabra?
la palabra canta con…
nada significa todo
todo significa nada
todo significa todo
nada significa nada

*
Sin el peón de dama
el rey estruja caballos del revés.
No es primavera ni invierno ni nada.
*
Ay, quién fuera un corcel alado
sobre tu coño rosado
Adelina.
*
Un caparazón de tortuga,
descascarado y sucio,
colgado en la pared de un viejo de 90 años.
*
Puta cigarra
en la siesta de la vendimia.
Si la encuentro, no canta más.
*
La piel de la serpiente
aplastada por un zapato viejo.
Me ha dado un apretón.
*
Somos una pequeña idea
que se repite una y otra vez.
Y no es para tanto.
*
Estabas allí,
estabas allí,
pero te fuiste.
*
Leche de almendra,
galletas de chocolate,
pavo, salmón, fuet.
*
Qué le den por culo al haiku,
el perro que ladra
si muerde.
versotersoversotersoversotersoversotersoversotersoversoterso…
que_________que__________que__________que
___bradoprado___bradoprado___bradoprado___bradoprado…
volósolovolósolovolósolovolósolovolósolovolósolovolósolovolósolo…
imaginarteimantarteimaginarteimantarteimaginarteimantarte…
locuracuralocuracuralocuracuralocuracuralocuracuralocuracura…
alalargaalalargaalalargaalalargaalalargaalalargaalalargaalalargaalalarga…
.
(Instrucciones de lectura: Poema para ser leido a dos voces al únisono. Cada voz leerá un verso distinto en la siguiente secuencia: 1-2, 2-3, 3-4, 4-5, 5-6, 6-1. Cada verso puede prolongarse siguiendo el patrón todo lo que se desee. El poema puede repetirse siguiendo la secuencia todo lo que se desee.)
El piélago de tu sangre
va de tu orilla a mi orilla,
dulcísima maravilla
que no rompe el bello mangle.
Tu sangre como un enjambre
entra y sale, sale y entra.
Y en la orilla al mangle encuentra
y lo acaricia otra vez
con dulcísima altivez
que sale otra vez y entra.
ya lo ves
tenemos muchos rostros
en el curro tienen una idea de mi
algo así como angelical
pero en casa saben muy bien
que no soy nada angelical
(de hecho mi hijo me llama «el gruñón»)
tenemos tantos rostros
que es casi imposible saber
lo que somos en realidad
lo único que queda
cuando uno quita toda la paja
es el vínculo
la gente que uno quiere
o ha querido
es la que define lo mejor de uno
puedes pasar un segundo
o muchos años sin verlos
pero cuando los vuelves a ver
sabes que estás en el mismo instante
en que saltó la chispa del vínculo
tal vez somos un centro vacío
cuyo contorno
está definido por nuestros vínculos
Tenemos esta vida que no es vida.
Tenemos esta muerte que no es muerte.
Tenemos esta herida que se vierte
en la sal de la muerte y de la vida.
La vida se nos da y al tiempo es ida
sin nadie que la viva y que despierte.
Buscamos otra vida tras la muerte
de lo que no has vivido en esta vida.
En un rincón del tiempo solo hay tiempo:
arena entre las manos de la espera.
Ahora es todo lo que hay. El tiempo
es la vida quizá de nuestro tiempo,
y la muerte. Es solo una quimera,
que da vueltas de tiempo sobre tiempo.
Cómo vas a viajar por los portales
con la voz asustada del despierto
cómo vas a pintarte en los portales
donde conversa el ángel con el muerto.
Cómo tu voz será la de aquel día
en que salió el alma a la mar
y los cristales del alma en agonía
se unieron con la sombra al despertar.
No tocarás el alba, mira y vuelve
sólo el viento del sur te afirme el ala.
El verso es esa magia que resuelve
el misterio en la flor, y luego exhala
una completa claridad, que duele
como aquel beso de la noche mala.
ordenar el caos:
el caos del orden
impulsar la quietud
aquietar el impulso
ocultar la mirada
mirar lo oculto
borrar lo limpio
limpiar lo borrado
llenar lo vacío
vaciar lo lleno
perder lo encontrado
encontrar lo perdido
silenciar la voz:
la voz del silencio
es con certeza
el principio del fin
el fin del principio
de incertidumbre