Más allá de la niebla,
ella
tiritando
de una alegría indefinible, ella
desconocida, cercana,
tan llena de niebla como los
alcornocales,
susurrante entre eucaliptos,
ella asomada
a la vuelta de un nogal,
me mira, traspasa este silencio
con sus dos ojos
desconocidos,
cercanos,
cálidos…
Y luego se va.
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