Ser el misterio y a la vez ser la experiencia de tu mano en mi rostro, ser tu rostro en mi rostro por virtud de un espejo invisible, ser tu boca en mi boca.
Cada cosa queda brillando en su propio plano, cada plano se extrapola, se sale de su eje y queda en un montón continuo y volumétrico, libre de contradicciones superpuestas, limpio de suposición.
Ser la sorpresa del descubrimiento, los dedos temblando ante la proximidad del contacto, lo intocable besándonos de lejos. A una distancia que no te separa, a una proximidad que no me violenta.
Yo, en los rincones apacibles que tú bañas con los ojos. Yo, en todas partes, sin imposiciones ni pretextos, como un fluir. Tú, despertando de la tierra como una flor amarilla, abriendo un pétalo, saltando al sol.
Si muevo una mano se mueve el universo. No es un problema de comprender nada. Es la alegría. Si busco acariciarte eres tú quien me encuentra, y eso es tan lindo, que sólo puede ser considerado por un buen catedrático como un-hecho-sin-explicación.
Ser cada mujer que pasa por la calle, ser cualquier hombre. Ser todos los amantes de todos los parques, de todos los puentes.
Ser Dios y Diablo sin planteamientos teológicos. Ser general, ser concreto, ser invisible para siempre (sin que estorbe el hecho “real” de que en unos segundos lo que tocaré serán teclas de computadora).
Ser lo que soy ahora, en este juego de palabras que me juega, mientras yo trato de explicarme lo que siento por ti.
¿A dónde irá el viento tras las hojas con su voz de cristal, de tiempo enamorado?
¿A dónde correrán sus pasos cuando el sol se esconde y el mar y el cielo crean una sola negrura?
¿Por dónde viajará el viento cuando se abre el jazmín y la luna tiembla ante el espejo de aguas; qué nombres olvidados pronunciará su corazón en la honda ternura de la noche?
¿Adónde irán sus versos, adónde irá su voz incesante… cuando dos se encuentran y pasan todo ese silencio conversando a solas mirándose a los ojos donde están el uno en el otro?
este es el antiguo poema renombrado por las cosas eternas no es de ahora no es ni siquiera mío es la caricia de los ojos el temblor de los ojos y el silencio
el poeta rayó otros poemas para ti que se quedaron roncos graves o inertes en el agua del tiempo el poeta es la huella de un hombre en un laberinto como esa poesía perdida entre el eco y la pared que es el lenguaje mudo de las cosas
nada podría detener este instante en el que mis ojos te recorren con un poema tímido cadencioso olvidado nada daría tanto miedo como quedarse diluido ahora en tu pelo sin saber a qué viento conducen esas naves que ignoran el poema
por suerte estás lejos y solo mis ojos te dibujan en el vacío
el poema se mueve en el instante queriendo decir algo que él mismo desconoce el poema es un vagabundo imperial que danza con tus pasos una danza siempre llena de ternuras y de rudeza
se pierde y otra vez vuelve a encontrarse con la voz de la lluvia cobijada bajo tu piel y otra vez naufraga entre tus brazos dulcemente olvidado de sí mismo
¡esta mirada mínima se parece demasiado a una eternidad! ¿cómo esquivar el poema que te busca y te olvida? ¿cómo podríamos yo y el poeta deshacernos de la belleza o la imaginación que nos hace sufrir espasmos acorralados? todo sería más sencillo si existiera una voz con que llegar a tus ojos con que palpar desde tus ojos la luna que te crece en las entrañas
pero el poeta no tiene voz el poeta intenta llegar hasta ti desde el silencio templo de oscuras dolencias imagen de una angustia sin rostro y así va columpiándose la respiración difusa del poeta
yo no yo no respiro solo escucho tu aliento con los ojos cerrados buscando al otro lado de la puerta más allá del lugar en que tú olvidas un poema que no conoces mientras tus manos duermen sobre piedras sin alma ni mentiras y un ave de luz recorre la mar quieta de tus ojos
el poema ha visto tu espalda y se estremece lanza su cola de ballena contra rocas de una orilla inventada por la duda no logra recordar el conjuro se desenrosca trabajosamente y se extiende sobre arenas infinitas como música de iglesias se reescribe en el viejo poema que bailaba en la boca de la noche…
…a la distancia del aliento las pieles conjuran salutaciones
noche es tiempo envuelto en antiguo calor de enredaderas babilónicas
perdido en la corriente del riachuelo un niño de manitas entrecortadas amasa la plenitud del universo
lo rescata una mujer exuberante como la selva como el polvo del desierto
noche es oscuridad sin orillas
él la encuentra por primera vez
entonces nada tenía límites nada nos pertenecía y el vientre de ella era el origen de todas las cosas…
…el poeta sonríe dice con sus ojos que ha logrado evadirte o encontrarte
el poema ondea en un marco sin ventana se desclava y sale afuera con el viento
tiene millones de preguntas pero no busca una respuesta
tiene las manos repletas de caricias para sembrar de fuego los jardines de la noche
es como el loco del cuento que anhela ser hallado en ese mundo que se nos olvida
yo recojo el poema que no es este de ahora y lo dejo en las manos de una mujer que ha olvidado mi nombre
la mitad de la araña que teje su tela en el árbol para atrapar el tiempo de la mosca que parte el tiempo en dos ahora o nunca es la mitad de mí mismo cola de cometa
mi otra mitad está en aquel altillo donde dejaste tus ojos antorchas en la oscuridad
mi otra mitad es como astato radiactivo se descompone en palabras mientras miro sin saber si eres mitad de luna o de noche
los pelos como escarpias los pelos como escarpias se me ponen los pelos como escarpias cuando me tocas la punta de la polla con tus manos de viento
el viento de tus manos me recorre cuando miro la luz que entra por la ventana y va de la entrepierna al corazón de la espalda hacia el cuello y me pone los pelos como escarpias los pelos como escarpias la polla dura y me seduce me desnuda por dentro me re-crea (un hombre solo en una cama inmensa rodeado de viento y de luz) y me atrapa los huevos en un juego mágico
una mujer de viento me posee me coge por la polla y me mete en su vientre
qué sensación extraña en el amanecer yo recién dormido recién despierto con mi polla incrustada en el aire que se mueve al ritmo de la mariposa que brilla en la ventana que danza sobre mí que tengo los pelos como escarpias los pelos como escarpias los pelos como escarpias y el corazón perdido
en la rinconera de la cabecera de la cama palpitaban flores amarillas y violetas eras tú vestida de franela con sombrero de charol verde oliva me soñaste desnudo soñaste que yo era un cuervo blanco fijo en el cielo como un sol de añil mis manos caían hasta tus hombros con suma delicadeza tiraba yo de tus dos hombros para hacerte volar con sombrero y franela y pan del cielo lluvia mojada por la espera por la esperanza de verte regresar en minifalda y sombrero amarillo sin paraguas de charol sin ropa que te oculte la urdimbre de los ojos yo seguía allí mirándote o soñándote mientras tú eras una realidad limitada por el vuelo de tus cantares rabia de cielo verde de lluvia fina de sol en flor de arándanos la mirada se me iba de las manos cuando te despertabas se burlaba de mi frente postiza yo era un cuervo blanco o gris y no podía volar contigo hasta que la cabecera se cayó de la cama y yo caí del cielo en tus brazos flores amarillas violetas lluvia verde marina ahora el sol se esconde bajo el agua y nos abraza los pechos que ya no pueden separarse con latir doble sueña la cabecera de la cama esta mañana de ojos cerrados ¡no despertar las lámparas de charol! ¡no despertarlas nunca!
ella le introdujo en el dominio de los números naturales él prefirió el de los reales ella contraatacó con números imaginarios él sacó una derivada parcial ella le dio la vuelta con una integral trigonométrica él quiso escabullirse con una transformada de Laplace ella le mostró su matriz traspuesta él se quedó absorto con su geometría hiperbólica ella le miró entonces como una función logarítmica el cayó en sus brazos como una exponencial
Pero lo más asombroso es quizá la existencia de indicios vehementes de que el único momento en que los quanta se manifiestan como partículas es cuando estamos mirándolos. Es decir, hay descubrimientos experimentales que indican que un electrón, cuando no está siendo observado, siempre es una onda. Los físicos pueden llegar a esta conclusión porque han ideado tácticas inteligentes para deducir el comportamiento de un electrón cuando no está siendo observado.
Michael Talbot
Estoy mirando. Estoy buscándote, cariño, al loro de tus pasos en la callejuela por donde no acabas de aparecer.
Hoy he planeado el experimento cuidadosamente, con una caña doble entre las manos y los ojos clavados en la cristalera.
Sé muy bien cuál es tu onda de aparecer y desaparecer bajo mis sábanas.
Pero esta vez estoy mirando con toda la FE de esta calle.
Tal vez pueda crearte y fijarte sobre la hoja en blanco unos minutos antes de que te disuelvas en el beso de la noche o del amanecer.
así casi no hacen falta grandes cosas enciende la lámpara suéltate el pelo mirarte traspasada por esa luz malva es contemplar la eternidad detenida en tu cuerpo un absoluto dentro de otro absoluto misterio para mí casi desnuda en silencio casi así
Tenía quince años y cuando aparecía con su uniforme azul yo quería creer en los ángeles.
Nos dábamos un beso y yo le llevaba la maleta hasta el albergue. Allí nos dábamos más besos, largos como la noche estrellada, y ella sonreía con esa luz que hacía creer en los ángeles.
Yo era entonces el adolescente más feliz de la tierra y la tierra era redonda y en el cielo parecía que cantaban los ángeles.
Un día ella me dejó.
Entonces pataleé, lloré y me pasé sin comer una semana.
Y a la semana siguiente cogí un lápiz y una hoja en blanco y escribí mi primer poema, que no hablaba de ángeles.
al borde de tu ombligo, al borde de la mar de tu pelo, al borde de la risa que entra en tu pecho, al borde de la brisa que sale de tu cuerpo, al borde de tu aliento, al borde de tu sexo, al borde de tus manos, al borde de un lento aeroplano, al borde de una montaña, al borde de una maraña de suspiros, al borde del naufragio, al borde del olvido, al borde…