Hechizo

Ser el misterio y a la vez ser la experiencia de tu mano en mi rostro, ser tu rostro en mi rostro por virtud de un espejo invisible, ser tu boca en mi boca.

Cada cosa queda brillando en su propio plano, cada plano se extrapola, se sale de su eje y queda en un montón continuo y volumétrico, libre de contradicciones superpuestas, limpio de suposición.

Ser la sorpresa del descubrimiento, los dedos temblando ante la proximidad del contacto, lo intocable besándonos de lejos. A una distancia que no te separa, a una proximidad que no me violenta.

Yo, en los rincones apacibles que tú bañas con los ojos. Yo, en todas partes, sin imposiciones ni pretextos, como un fluir. Tú, despertando de la tierra como una flor amarilla, abriendo un pétalo, saltando al sol.

Si muevo una mano se mueve el universo. No es un problema de comprender nada. Es la alegría. Si busco acariciarte eres tú quien me encuentra, y eso es tan lindo, que sólo puede ser considerado por un buen catedrático como un-hecho-sin-explicación.

Ser cada mujer que pasa por la calle, ser cualquier hombre. Ser todos los amantes de todos los parques, de todos los puentes.

Ser Dios y Diablo sin planteamientos teológicos. Ser general, ser concreto, ser invisible para siempre (sin que estorbe el hecho “real” de que en unos segundos lo que tocaré serán teclas de computadora).

Ser lo que soy ahora, en este juego de palabras que me juega, mientras yo trato de explicarme lo que siento por ti.


Deja un comentario