En el centro del tiempo estamos juntos
un aroma de fuego nos envuelve,
recia espuma aquietada entre dos juncos,
río fugaz que en magma se resuelve.
En las horas del sueño en los efluvios
de potentes verdades sin camino
aspiramos la ausencia de un sol rubio
marcapasos final de otro destino.
Moverá la feliz mano divina
el eco de la mano pasajera
sentiremos el canto de una ondina…
Y llegará, como la luz primera,
una ola de amor desde la esquina
que nos dobló en otoño y primavera.
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