Crece adentro la luz.
Tus manos invisibles
la van cortando
letra a letra en el papel,
que se dobla
como un cometa al viento.
Y en el salón, las sombras
se apagan
acurrucadas en los rincones.
Se abren de par en par
los portones del alba.
Tu rostro,
hecho de sol,
ríe en el aire.
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