Un hombre busca una mujer.
En la premura de sus ojos
la mujer cambia de rostro.
Ahora es agua quieta,
ahora un animal salvaje,
un colibrí, un rabo de nube, la mar
al otro lado de los montes.
Siempre es ella misma
tras el espejo de sus ojos
aunque a veces
se desdibuja con la lluvia.
Y él la vuelve a pintar
desesperado:
ahora un rayo de sol,
ahora la lluvia,
un gato negro, una luna redonda,
un árbol,
la brisa que viene del mar
más allá de los altos montes…
O, simplemente, no es nada.
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