Puede ser que tú y yo
seamos muy diferentes.
Sin embargo aquí estamos
viviendo en eso que no es diferente
de quien somos tú y yo.
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Sobre algo que está más allá de tú y yo
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Sobre lo que dijeron los poetas
para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho
Hechos 17:27,28
A veces pienso en esas palabras que dijeron los poetas, y en esas otras que callaron porque no había cómo decir.
A veces el viento me acaricia el rostro y yo pienso en esa felicidad de los poetas cuando una estancia del camino les hizo descubrir que andaban por tus calles.
Tal vez ellos se dijeron: el sol nos mira como lo hacen tus ojos, los pájaros cantan y es tu voz la que oímos… Y vieron, en la profundidad del instante, que tu aliento era infinito y que también pensaba y amaba como ellos. Tal vez sintieron que una ternura inexplicable los unía en alma y cuerpo con todas las cosas.
A veces ando por la calle como una ráfaga de viento y pienso que tal vez en ese instante esté pasando por tu corazón: ese monstruo amoroso, ese músculo inmenso que late las noches y los días.
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Sobre el hombre en sí y el hombre para sí
Un hombre escribe un signo en un papel,
lo que le queda por decir
es apenas el gesto
de la mano en la noche.Un hombre entre la niebla de un signo
en un papel;
todas sus conmociones,
sus azares,
sus miedos
son apenas las sombras del gesto.Él no sabe que otros hombres como él
escriben en la noche el mismo signo
y que tampoco para ellos queda nada
por decir
sino el gesto de la mano en la noche.Un hombre es algo oscuro,
algo que se aclara al paso de un signo,
algo breve;
y aquel que lo lee descubre
que queda aún por decirse lo mejor
del hombre
y entiende entonces
por qué ese hombre ha callado.Un hombre escribe un signo
como un gesto
en un papel,
lo que le queda por decir
es su epitafio.
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Sobre aquel que nos ve
Lo que observa desde mis ojos
observa desde todos los ojos del
universo…A veces me pregunto
cómo me vería yo
a mí mismo
desde sus ojos de luz.
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Sobre el Tao
Quizá la condición real del ser humano es ese estar sentado frente al horizonte.
Después de un día normal, intranscendente y fugaz en lo más íntimo de su apariencia, descubre el ser, en sí, al ser real como un lago quieto. La línea del horizonte parece una prolongación de su estado de gracia, el cielo y la tierra se compenetran allí con naturalidad mientras los ojos se pierden entre las casas blancas y las nubes. Todo está en paz y esta paz externa convoca a la paz de los pensamientos del hombre.
El hombre se ausenta de sí, deja de desear todo lo que considera necesario para la vida placentera, deja de huir de sus propias mezquindades diarias, y se sienta claro y feliz ante la inmensidad del cielo y la tierra en una tela continua. El tiempo no pasa, el hombre descubre en el tiempo la ilusión de su propio devenir, la fachada de una infinita secuencia de entreactos, que flotan al pasar sobre un eterno vacío.
El hombre respira su inmensa felicidad mientras casi presiente que el horizonte lo respira a él. Sabe que no es una felicidad como consecuencia de algo, que no se debe a que sea hombre o Dios, ni mucho menos a que lo comprenda. Es la felicidad en su estado primigenio, una felicidad inmóvil y horizontal; la felicidad de ser feliz, de estar feliz, de Ser y de Estar.
El hombre está solo con el mundo, del que es límite fugaz el horizonte; está limpio y desnudo, vista la insignificancia de sus preocupaciones y de sus proyectos…Y así, en su ingenua fragancia, va entrando, de a poco, en el grande y silencioso Vacío.
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Sobre la felicidad
El pino se yergue en la lejanía
que ahonda el alto cielo.
El cielo se extiende entre el blanco plomizo
y el azul brillante.
El denso marabú sonríe
y ofrece bajo el sol
su espinosa ternura.El cielo que miro
y en el que se pierden mis ojos
como nubes silenciosas
es feliz.
El tierno marabú
que ríe entre campanas blancas
y frutitas amarillas de sol
es también feliz.
El alto pino
que el marabú no alcanza a ocultar,
que el cielo no alcanza a detener,
que el viento hace bailar,
es muy feliz.A nadie se le ocurriría preguntarse
el porqué de esta felicidad elemental
por la misma razón
de que a nadie se le ocurriría dudarlo.El hombre, en cambio,
constantemente interroga
el porqué de su infelicidad.El cielo está feliz de ser cielo
y luego se nublará.
El pino está feliz de ser pino
y quizá algún día un rayo lo parta.
El marabú es muy feliz con sus espinas
y quizá un hombre lo corte.Y mientras tanto, el sol brilla
y dos mariposas distraídas
juegan con el tiempo.
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La regla de oro
Procura tu propia felicidad,
es la felicidad de tu casa.Procura la felicidad de tu casa,
es la felicidad de tu pueblo.Procura la felicidad de tu pueblo,
es la felicidad del mundo.Procura la felicidad del mundo,
es tu propia felicidad.
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Con las manos al aire
Ven,
junta tus manos con las mías
más allá del cristal.Ven a mirarme a los ojos naturalmente
como dos niños ensimismados.
Ven a mi espacio que es tu espacio,
a mi aliento que es tu aliento,
al tiempo que no pasa.Acércate y toca mi mano desnuda
y entra tu mano en mi mano
y entra tu mano en tu mano
y hablemos de una vez.Yo te diré mi secreto,
ven,
ven y escucha muy cerca de mí…Ahora te explicaré
lo que esas palabras significan.
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Luna del amanecer
En el cielo azul
hay un gran copo de nieve
redondo y pulido como un espejo.Es linda esta claridad,
es buena como un abrazo.En el cielo hay un mar de plata
y un barco de papel
que al fin hace reír el corazón.A veces uno se despierta así,
sin apuro,
y así sale a la calle a caminar.A veces todo lo que te encuentras
te besa con los ojos
y tú no sabes por qué hay tantos olores
en esa callecita empinada,
que antaño dejara en tu bolsillo
otra realidad.En el borde del cielo,
como un anuncio lumínico de un eterno café,
alguien dejó encendida la cara de la luna.
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Luna interior
Dentro de mí esa esfera
con su aliento de agua,
dentro de mí la última fuente
(y estos ojos
que serán ya como el viento).
Dentro de mí la noche
y el alba.
El alba tras la noche
como un juego.
El alba honda en la noche como el tiempo.
La noche entonces
desnuda.
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Luna vieja
Pienso en los hombres que contemplaron
esta inmensidad,
los ojos distantes o encendidos,
la fría sensación de eternidad bajo la piel
del pecho.Allá arriba otros ojos envían un viento delicado
como un abrazo invisible
y es eso que no se ve nunca
lo más profundo que podemos poseer.Por dentro y por fuera esta inmensidad,
los ojos tan pequeños
que no se tiene ya ninguna realidad
del límite,
girando sobre un punto que se contrae
y se dilata en la espera.Y yo pienso en los hombres
que dejaron vagar sus pensamientos
por este vacío bienhechor
mientras cruzaban una callecita cualquiera
a solas
bajo la negra ternura de la noche.
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Aliento de luna
Llueve continuo,
como las voces largas de los templos.
Llueve la noche gotas invisibles
que tintinean sobre el techo de metal,
que salpican alrededor de la mesa,
que corren y se ríen por el patio infinito.Hace frío en las horas,
como cuando uno mira lo largo
de los templos
y una imprevista sensación lo toca,
dulcemente,
por detrás.
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Luna que se asoma
Hay un parque en una ciudad
cuajada de vientos.
Hay,
en una esquina del parque,
una parada de guaguas.
Hay un hombre contra el tubo de metal
que espera.Hay un lento frío que se posa en la nuca desnuda,
hay unos árboles altos
con unas hojas que cantan,
hay una oscuridad fundida a las luces
de neón.Hay una dulce llamada
como un signo.Hay un volverse despacio para atrás.
Hay un ciego ojo blanco entre las ramas.
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Reflejos
De la bola de plata que calla bajo el pecho
en algún lugar del corazón.
De la perla que brilla en el ojo
abierto hasta el naufragio.
De la imagen tan tímida e intocable
que reposa sobre la superficie del lago.
De la bola de plata
que grita a espasmos silenciosos su amor
por la noche infinita.
De la bola de fuego que la ilumina.
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Manolo en medio del parque
En la oscuridad
cae la nieve sobre el parque
(un parque roto y olvidado que hay
en mi barrio
y que yo atravieso con frecuencia
al regresar).El viaje ha sido largo,
el alma temblaba como una llama
en el aire,
los pasos no dejaron ni una huella.
Pero una mano invisible abrigaba
mi cuerpo
en las horas más frías.Ahora me rodea esta oscuridad insondable
como el aliento de Dios
y yo voy caminando y siento la nieve
que sale de su boca,
los raros dibujos trazados sobre el agua
con fina ternura,
la luz que los define y me entresaca
del manto de la noche.La nieve está cayendo
y va pintando la alegría del parque.
Los bancos se van recomponiendo,
el cachumbambé, los columpios,
la pulida canal.
Los niños van saltando entre sus risas y
las madres los vigilan con
sus grandes ojos de amor.Yo piso la hierba deliciosa
como quien entra en un círculo mágico,
despliego mi alma ante el ojo de la luna
y dejo que la nieve me dibuje otra vez.
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Manolo en la azotea
La ciudad se esconde dentro de la noche.
Late más allá de la fugacidad
de los lumínicos,
reposa en blanco y negro al abrigo
de un parque.Sobre ella, infinitas ciudades brillantes
o apagadas
impregnan el aire de distancias.En la esquina unos perritos se hacen
el amor con largueza
y un borracho gesticula sus desdichas
al sentir
la ternura de la noche que lo abraza cálidamente.La gente camina desnuda por la ciudad
que se prolonga en círculo
hasta los muros de la noche.
Es el reproche de muertos que bailan
por las calles
ligeros de piel,
hermosos y resplandecientes
como una buena canción.La ciudad pierde sus límites…
Una mujer de niebla la contempla,
lista su partida al mundo de los sueños,
adonde irán
la noche y la ciudad pupilando
bajo sus párpados.
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Sobremesa
Quedarse así,
en una esquina de la mesa,
en una esquina de la sala,
en una esquina de la ciudad,
en una esquina de la noche.Fijarse en la ilusión del tiempo
que rueda plácido por el humo del café
y salta de una taza a otra,
de un silencio a otro,
del ojo a la nada.Fingir que estamos pensando
mientras saboreamos las tazas de café
que en su negra abundancia nos promete
prolongar este instante quieto
sin nada que sentir
ni que desear,
sin nada a qué aferrarse.Dejar de ser un dos
con dos tazas y dos espejuelos
cuando hasta la terca soledad
desaparece.Saberse indestructible y eterno
como ese humito juguetón.
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Manolo y el dios
Jugar el juego del ciego,
su voz es dulce como la madrugada.
Yo nada veo, yo nada soy,
yo sólo quiero su voz en la noche
dibujando las palabras que me dibujarían
limpio de consecuencias en aquella ciudad.Ligar su ombligo a la tripa del tiempo,
tragar despacio el veneno
que no se puede escupir:
la soledad del cuerpo,
la tristeza del cuerpo,
los sueños de amor y de barro
que van comiéndose la sangre
y su misterio
para que la poesía sobreviva.Yo soy el ciego que entonaba su canto
en la vieja ciudad,
el ciego imperdonable que no quería ver.
No afuera, no en la otra parte
donde habitamos
yo y la mirada vacía
y el juego de la nada.
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Bendición
Una mano se acerca, una mano gigante sin presencia, una mano invisible. Una mano me sigue por la acera, dobla en mi espalda las esquinas, atraviesa sobre mí los parques, los puentes, las noches.
Una mano de increíbles dimensiones, de intachable pudor, brota del mismo corazón que brota el tiempo. Que es, tal vez, un corazón humano. Y brota increíblemente por toda la ciudad. Y fluye y se disuelve en el aliento de la bocacalle. Que es, tal vez, aliento humano.
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Pisando lejos
Hay algo más allá de la tarde
que es la tarde.
Hay algo más allá de la puesta del sol.
Hay algo más allá de la iglesia
de paredes gastadas
que es la iglesia de paredes gastadas,
sobre la que vuelan blancas palomas
que están más allá
que estas palomas blancas que llenan
mis ojos.Más allá del viejo pino
está el viejo pino
abanicando el tiempo más allá,
y hay algo más allá de ese viento
que lo mece
que es este viento que no alcanzo
a explicar.Hay algo más allá de la ciudad
que se pierde en la bahía
que es como la bahía que se pierde
en la ciudad,
y yo siento que más allá de mí
estoy yo contemplando,
desde la misma altura,
la ciudad real.Hay algo más allá de esa calle
que es esa misma calle.
Hay algo más allá del sonido del tren
que suena de verdad a tren.
Hay algo más allá del canto de las hojas
de la hierba
y algo más allá de esta hierba
de Whitman
que es la hierba de la que Whitman escribió.Hay algo más allá de este cielo de tonos
indescriptibles
que es más indescriptible todavía.
Hay algo más allá del silencio,
más allá de la luz,
más allá del asombro.
Y hay algo más allá de la noche
que va como expandiéndose
y es ancho como el tiempo.