A esta hora tranquila la vena azul que no palpita se vuelve hábil y aquellas figuras del paisaje, restallante de calcio, van ayuntando cuerpos al cordón umbilical de la noche.
Me siento a escudriñarte sin las formalidades de mi cabeza y te encuentro más bello cada día: ángel recién salido del útero.
Quisiera agarrarte y quedarme atascada durante veinte minutos en tu espalda de arrecife de coral, quisiera ser el ruido de tu sueño transparente en las primeras lluvias de octubre.
Pero amor mío, soy humana y mortal como las algas de Nueva Zelanda, soy un suspiro en la noche, un sueño apenas dormido…
Créeme entonces si te digo que este insomnio no da para mucho.
Para cambiar el volúmen del ruido de un sueño sigue las siguientes instrucciones:
1- Cómprate un gato de la suerte, de esos que venden en los chinos, y tenlo a mano en tu mesilla de noche.
2- Cuando suba el ruido del sueño y te despierte, alarga la mano derecha y dale un toque a la patita del gato para que se mueva.
3- Mira cómo se balancea y te invita a dormir, imaginate una radio a la que un gato va bajando el volúmen poco a poco, siente los ojos pesados… y todas esas chorradas.
4- Si el volúmen del ruido no se baja, repite los pasos 2 y 3 pero con la mano izquierda.
5- Si todavía persiste en no bajarse y permaneces despierta, agarra la oreja derecha con la mano izquierda y con el pie contrario toca la patita del gato. Luego repite el paso 3.
6- Si aún no funciona este truco hazlo totalmente al revés.
7- Si no logras dormirte con esto, levántate y haz 5 flexiones y 10 abdominales y repite los pasos del 2 al 7.
Los ruiditos de la noche son cuentos que la abuela teje en su sillón de caracola de mar, son cuentos que el mar teje en su sueño de vaivén oscuro, son sueñitos que explotan en la ventana como granos de maíz y que la abuela ensarta en el cordón del tiempo y cuenta una y otra vez hasta que la noche alarga la mano y mete todos los ruiditos dentro.
El sueño que no sueña hace ruido, no un megapixel de ruido, ni un ruido metafísico, ni siquiera un ruido con fondo de Jazz, pero sí el suficiente para meterse en tu sueño, conjunción copulativa atemporal.
Bajemos, pues, y confundamos su lengua, de modo que no se entiendan unos a otros. Génesis 11:7
Dice la leyenda que en el principio había una única raza que tenía una sola lengua. Luego las lenguas fueron confundidas y los seres humanos dejaron de entenderse.
Siempre he creído que la poesía es esa lengua común que va más allá de las diferencias de idioma, de las diferencias formales y aún más allá de las diferencias significantes. La palabra, el ladrillo común, se transforma en otra cosa, para crear un nuevo lenguaje que pueda reflejar lo que todos llevamos dentro: un ser humano doliente, anhelante, amante. Y es, a veces, simplemente sonido, imagen, movimiento, música, todo ello como parte de un conjunto de significado común, que puede ser entendido y compartido por todos.
En los talleres que imparto se pone de manifiesto muchas veces este hecho del pensamiento participativo del que hablaba el físico David Bhom. Los poetas se contagian y comparten influencias los unos con los otros y, si se escucha atentamente, se ve con claridad cómo las palabras forman parte de un mismo fluir del pensamiento, que se expresa, en cada contexto particular, con un color diferente.
A continuación os dejo un ejemplo de varios textos con el mismo título escritos en un ejercicio de 5 minutos, donde los poetas muestran que más allá de su mirada personal, el proceso del ser humano es el mismo y todos somos, en esencia, la misma humanidad.