Somos como el viento: un continuo pasar, a qué entonces este querer aferrarse a una forma.
Somos como el viento que pasa y deja un sonido en la tarde, a qué entonces querer permanecer…
Sólo sabemos que el viento existe porque las espigas danzan con ternura, porque el pino inclina sus ramas para saludar, porque allá lejos el agua vibra… Pero el viento, el viento mismo no lo conocemos, sólo esa caricia en el rostro de algo indefinible, algo que pasa eternamente y que no podemos concebir.
Somos felices y libres como el viento. A qué entonces tanto disgusto por esta forma que ahora el viento estremece.
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