Deja que la llama se apague
y sólo quede un hilito de humo
bailando en el amanecer.
Entonces nuestros besos no serán más
la sombra de dos labios que se buscan,
sino la luz diáfana
de dos corazones que se han encontrado.
de Ernesto Pentón Cuza
Deja que la llama se apague
y sólo quede un hilito de humo
bailando en el amanecer.
Entonces nuestros besos no serán más
la sombra de dos labios que se buscan,
sino la luz diáfana
de dos corazones que se han encontrado.
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