Un hombre escribe un signo en un papel,
lo que le queda por decir
es apenas el gesto
de la mano en la noche.
Un hombre entre la niebla de un signo
en un papel;
todas sus conmociones,
sus azares,
sus miedos
son apenas las sombras del gesto.
Él no sabe que otros hombres como él
escriben en la noche el mismo signo
y que tampoco para ellos queda nada
por decir
sino el gesto de la mano en la noche.
Un hombre es algo oscuro,
algo que se aclara al paso de un signo,
algo breve;
y aquel que lo lee descubre
que queda aún por decirse lo mejor
del hombre
y entiende entonces
por qué ese hombre ha callado.
Un hombre escribe un signo
como un gesto
en un papel,
lo que le queda por decir
es su epitafio.
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