Aliento de luna

Llueve continuo,
como las voces largas de los templos.
Llueve la noche gotas invisibles
que tintinean sobre el techo de metal,
que salpican alrededor de la mesa,
que corren y se ríen por el patio infinito.

Hace frío en las horas,
como cuando uno mira lo largo
de los templos
y una imprevista sensación lo toca,
dulcemente,
por detrás.


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