Si te siento, es por esas manos de aire
que llegan casi hasta el pecho,
hasta el rostro impasible que mira
en la distancia.
Si puedo hablar de ti
como quien recuerda algo muy tierno,
es porque todo lo creas otra vez.
Dorada gaviota de lentos aletazos,
figura del desierto o del mar.
Yo era un simple muchacho de ciudad
hasta que tú me acariciaste con tus manos
y ya no importa que yo sea
un muchacho que mira simplemente
una ciudad,
si en un instante me has besado
con tus manos.
Si te siento,
si puedo quedar inmóvil en tu hora
mirando cómo se desviste la luz,
es porque tú penetras hasta el fondo
con tus manos.
Esas manos que llegan y se van.
Deja un comentario