El idiota es la risa del tiempo. Sube y baja por la acera rota murmurando letanías incomprensibles, que son largos poemas sobre el origen del dolor, escritos en una lengua que los hombres han olvidado.
Le piden que cante y su ronca voz se eleva hasta tocar el cielo. Le piden que baile y ríe con una danza lenta que ensarta miles de corazones en un único hilo de sangre.
Así cada día, después del saludo del sol, buscan sus ojos limpios a aquel que pasará a pedirle una canción o un baile.
Y es eso lo que raya en el tiempo de la calle cuando no está bailando solo en la esquina una melodía grave que le rasga despacio la garganta y que él acompaña, amoroso, con el chasquido inútil de sus dedos.
Entonces habla con Dios.
Deja un comentario