Amanece.
Madre levanta su cabeza gris
de la cama envuelta en asma.
Penetra en la cocina a salpicar de amor
mi leche con café,
mi pan duro.
Luego
deja en mi bolsillo un beso
y una bendición
(cosas con las cuales puedo
salir
al otro lado
sin ciertas preocupaciones).
Parto.
Una mujer
(su vertical angustia)
espera
el próximo poniente de mis pasos.
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