Frente al ojo de plata,
la ausencia es casi todo
(el borde puede que sea la luz
pues deja a su paso
una estela de sombras).
Yo vuelvo a preguntar
con la voz ya muy ronca,
mientras un hilo de agua
se hunde en lo vacío,
¿quién es ese que estruja mi rostro
sin lavar
con unos ojos tan tristes?
Deja un comentario