y el Gran Aliento abrió su boca
y se dio de sí a sí mismo
y las dos aguas que palpitaban en su corazón
se convirtieron en dos ríos
uno invisible y otro visible
uno junto al otro eternamente
y los dos ríos trazaron el sendero
de lo que Es
y de lo que nunca será
ríos de eterno suceder y de eterna quietud
uno asomándose en la faz del otro
incesantemente
uno buscándose ansioso en el otro
sin poderse ver
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