Aún le quedan
unas hojillas al álamo
y, con todo y eso, canta.
Canta ensimismado
frente al sol de otoño,
es todo él un canto tembloroso
cargado de emoción.
Y los pájaros recogen
su cantar
alegres como niños.
Y las aguas del arroyo
se lo llevan
rodando
colina abajo.
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