Se aproxima a la niebla
(la toca apenas con los cascos,
con el vapor de sus andares).
Las ramas de los cuernos
intentan desgranar
el follaje del ensueño.
Sabe que más allá le aguarda
lo desconocido:
¡una esperanza de bosque
que habría que soñar!
Adivina en el acto que
ya no será más él mismo
y entra en la niebla alucinante
erguido como un árbol.
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