el gato junto a la ventana
nos mira corazón adentro
en su silla
leve
acurrucado
desde un tiempo que no es suyo
ni nuestro
también la noche por detrás del gato
asoma un ojo blanco en la ventana
pensamos entonces
en un animal infinito
como una mujer
cuya mirada traspasa
la mirada del gato
la nuestra
y justifica la quietud de esta hora
que no nos pertenece
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