
Si en mi pequeño corazón
hay un canto que brilla como un río de plata,
si las bolas de colores del arbolito
son como las estrellitas de la noche para mí
y saltan por toda la sala
mientras la abuela susurra
desde un sillón lejano,
si el niñito Jesús viene a mi encuentro
y me besa en lo más tierno del alma,
debe de ser que bajo mi pecho ha despertado
un pajarito de nieve.
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