Canto XXXII

Él tenía nombre
no
no el nombre con que le nombraban
sino otro más hondo
como un canto
su nombre en la tarde
que no era tarde quizás
sino por esa luz que lo rodeaba
y encendía las cosas

luciérnagas
flotaban frente a Sus ojos
que parecían humanos
pero no
no lo eran
solo que nosotros nos reconocíamos en ellos
enteros

nos traspasaba con Su mirada
era como la vida
y un poco también como la muerte
un fuego viviente
un soplo

se aparecía en mitad de la nada
y decía alguna cosa intrascendente
mañana vas a hacer un viaje o
ella dará a luz un varón o
tu madre lo que tiene son cataratas

luego cruzaba las manos sobre las rodillas
y se quedaba mirándote medio en broma
daba risa de tanto miedo
mirar aquellos ojos y entenderlo todo de golpe

pero eso era cuando soñábamos
cuando teníamos los ojos de los adolescentes
y los cerrábamos como si fuera nuestro
todo el tiempo del mundo


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